Los seres humanos casi siempre queremos estar donde no estamos, tener lo que no tenemos y ser lo que no somos
Son muy pocas las personas plenamente satisfechas: unas son infelices porque
están gordas y quieren ser flacas; otras tienen el cabello ondulado y lo quieren tener
liso; es frecuente oir comentarios acerca del clima: si está haciendo mucho calor, ¡Ay,
qué dicha que hiciera frío! Y si está haciendo frío, ¡Ay, qué dicha que hiciera calor!
Estos son meros ejemplos, ya que una lista completa sería interminable. Lo que
sucede es que no nos damos cuenta de que a veces “nuestros principales enemigos
somos nosotros mismos”.
Individuos en conflicto consigo mismos crean una sociedad en conflicto. Cuando
un problema nos desequilibra por dentro y algo nos fastidia, cuando con nada
nos sentimos a gusto, cuando nada nos complace y nos convertimos en jueces permanentes
de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, bien sea que todo mejore o
empeore, detrás de cada una de estas situaciones hay un antecedente y un porqué
que lo explica, una raíz.
Un malestar generalizado encuentra, sin duda, su origen en una creciente crisis
social de valores que se volvió común, ha ido minando la felicidad y la paz verdadera
y de la cual ya no parece escaparse nadie, ni siquiera el perro de la casa. Sí,
leyó bien, al perro de la casa; porque hoy en día es muy normal oír que a Firulays le
dio estrés o depresión y también toca llevarlo al psicólogo.
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