Cuando uno está desocupado el demonio le pone oficio.
| El consumo de licor trajo consigo todo tipo de malos entendidos con mi hermana, con quien vivía al lado de su esposo y mis dos sobrinos. En medio de lo duro que fueron los encontrones con Janeth, siempre aparecía la figura paternal y solidaria de mi cuñado Juan Antonio.Ella solía reclamarme por la gran cantidad de rumbas y vagancia en que vivía, ya que a uno como artista le llegan épocas en las que es más el tiempo que se la pasa desocupado que ejerciendo. Estos llamados de atención los tomaba como una humillación que me llevaba a huir y refugiarme más y más en la rumba, en la calle y en casa de mis amigos.
La calle se volvió monótona; me saturaba. Opté por mantenerme encerrado en mi cuarto, de vez en cuando refugiándome en el licor para llenar el vacío y la soledad. No me mantenía borracho ni tomaba todos los días; era que, a veces, necesitaba de esa seguridad que me daban uno o dos traguitos antes de irme a grabar, a un paseo o a salir con una niña, era ideal para acompañar mis horas de encierro y música dentro del cuarto; mejor dicho, me dopaba, así como otros lo hacen con el consumo extremo de comida, cigarrillo, medicinas y otras adicciones como televisión, internet, trabajo, celular, gimnasio, aseo o compras compulsivas, buscando calmar y ocultar las ansiedades y tristezas que traemos en nuestro corazón desde la niñez. Continuar…. |
