A mí me sacaron… Un espíritu demoníaco

Por: IVÁN GUTIERREZ

He sido actor de profesión desde 1994. Participé en varias series de televisión y fui presentador. Hasta hace poco era una persona completamente normal, con buena salud y rumbero. De un momento a otro, en el año 1996, en una sola semana perdí 22 kilos. Literalmente me desinflé y quedé como una uva pasa. Pasé de calzar 43 a 41, sufrí alteraciones en los genitales y a mis 27 años parecía de 50. En las noches, a las dos de la mañana, sentía unos cólicos que atravesaban mi vientre y con solo pasar saliva me daba diarrea. No reaccionaba bien y fallaba en todas las actividades cotidianas de mi vida. Me volví agresivo y no entendía nada. Todo lo anterior lo puedo definir como un estado misterioso de una fuerza oscura.

El médico me dijo que tenía parásitos y me mandó purgar, pero no hubo resultados. En una endoscopia aparecieron dos llagas dentro de mi estómago, una de ellas erosionada. Pensaron que tenía cáncer, pero las biopsias contradecían el dictamen. Empecé un tratamiento de antibióticos contra las úlceras y fue peor, ya que la droga me abrió otra úlcera. Me iban a operar y no me dejé. Un familiar juró que tenía sida.

Un día escuché el testimonio del periodista Juan Guillermo Ríos, en el que contaba que la fe lo había salvado. Busqué al cura que él frecuentaba y ahí empecé un “tour de fe” que incluyó varias religiones, yoga, espiritistas, adivinos, astrólogos y lectura del tabaco. Probé de todo y en todo lado me aburría. Y no me sanaba.

En medio de un grupo de oración católico, una señora que tiene muchos dones que da el Espíritu Santo —entre ellos el de la liberación— me dijo que yo no tenía una enfermedad y que los médicos no iban a encontrar nada en mi cuerpo, sino que una presencia maligna habitaba en mí.
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